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Una raza extraterrestre envía una monumental nave a la Tierra. Ningún misil consigue detenerla y finalmente ameriza en el océano Atlántico. Resulta ser una gigantesca carroza fúnebre automática, un ataúd cósmico autopropulsado con el cadáver de un anciano gigante dentro. Una voz grabada le comunica a la Humanidad en todos los idiomas que se trata nada más y nada menos que de… DIOS. Y que, como hijos suyos, debemos velarlo.  |
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